Con
el tiempo, uno aprende que existen distintos amores en nuestra vida, están
aquellos que fueron nuestros amigos y encontraron un buen lugar a nuestro lado,
hay otros que sólo fueron compañeros de clase o gente que apenas conocemos. Sean
quienes sean, la gran mayoría preferirá hablar de aquellas historias que vale
la pena mencionar, de grandes hazañas y luchas que tuvieron un buen final, en
lugar de hablar de aquellas historias que no terminaron como querían...donde amaron más que a nada, pero que sólo consiguieron que les rompieran el corazón.
Por
ello, podría decirse que yo seré una valiente de esa pequeña minoría que no
quiere ser contada.
Todo
comenzó cuando cursaba mi penúltimo año de básica, era el primer día de clases
y como todo primer día, me sentía completamente nerviosa sin deseos de entrar.
No por el hecho de conocer a nuevas personas, sino porque odiaba las
presentaciones, cada año los profesores obligaban a los alumnos a pararse
adelante y decir sus nombres, aún si no fueran nuevos.
Caminé
por los pasillos del colegio asustada, mi corazón latía tan fuerte que parecía
querer huir de mí y salvarse de esa presión. Tomé aire e intenté
tranquilizarme, pensando en otro tipo de cosas, entonces un leve recuerdo de
alguien que se había marchado recorrió mi mente, fue cuando mi cabeza dejó de
pensar en el primer día y se concentró en ese momento que no quería volver a
vivir. Me detuve frente a la puerta y me juré a mi misma que no volvería a
enamorarme, al menos así lo llamaba a mis cortos doce años “Amor”, pero en realidad
no sabía lo que era hasta ese momento.
Giré
la manilla e ingresé al salón con determinación con el propósito de ignorar
a todos mis compañeros y dirigirme a mi
asiento. Pero entonces, me detuve perpleja ante la presencia de un chico nuevo
que se encontraba envuelto entre una multitud,
no era extraño ver a nuevos estudiantes cada año, no obstante había algo
en él que había hecho que mi corazón palpitara como nunca antes. Por un
momento, el tiempo se detuvo entre nosotros, haciendo inaudible todos los
bullicios del salón, logrando que me olvidara de mi propia existencia, no sabía quien era ni donde me encontraba, sólo
podía escuchar mi corazón que iba en crescendo de manera acuciante.
Escuché
a lo lejos que alguien me llamaba, al voltear localicé a una compañera que me
sonreía, gracias a ella pude liberarme de ese estado en el que me encontraba para salir de allí.
Con
el paso de los días, esa mísera atracción por aquel desconocido iba creciendo,
y no entendía el motivo ¿Qué era lo que tenía que lo diferenciaba del resto?
Además cómo podría saberlo, si apenas lo conocía. Entonces un día me habló y
descubrí que mi juramento había sido en vano, aquellas palabras que había mencionado antes de entrar a clases ya no tenían sentido alguno para mí. Me habló por un
motivo sin importancia, completamente irracional de mencionar ahora. Aun así,
ese pequeño intercambio de palabras y miradas, me ayudó a darme cuenta que en
verdad me gustaba.
En
ese entonces, ingenuamente creí que aquella conversación no sería la primera ni
la última que tendríamos, pero me equivoqué, porque jamás volvimos a hacerlo.
Era
la primera vez que vivía un amor de ese tipo, querer a alguien que tan sólo
observaba a la distancia y ni siquiera me hablaba, era como un amor de novela.
Intenté acabar con esa barrera siempre, años tras año, pero nunca dio resultado
alguno.
El
primer año, me sentía como esas chicas de secundaria que nadie tomaba en cuenta, como si fuéramos dos seres de dos
planetas completamente paralelos uno del otro. Además de sentir que me
despreciaba, provocaba que mi inseguridad fuera en aumento. Lamentablemente era
tan obvia en cuanto a mis sentimientos que muchos se percataban de ellos,
incluso él.
Pero,
el último año de enseñanza básica, pasaron cosas que no pensé que sucederían,
dejó de ignorar mi presencia y comenzó a tomarme en cuenta con miradas que podrían
ser insignificantes para muchos, pero para mí lo eran todo, era como si dejara
de pertenecer a un mundo paralelo al suyo y por primera vez estuviéramos en el
mismo.
Tenía
ciertos defectos que me impedían desenvolverme bien con los demás, entre ellos
estaba mi timidez que aunque intentaba controlarla, con él presente no era
posible. No sé cómo, pero él tenía un misterioso poder de hacer temblar mi
mundo y conseguía desaparecer a todos los integrantes de él.
Lo
admiraba porque era todo lo contrario a mí, nunca se enfadaba ni mucho menos
lloraba, aceptaba críticas y si lo molestaban, se reía de sus defectos. Su
sonrisa parecía estar siempre en su rostro, pudiendo ocultar todo tras de ella.
En cambio yo, me deprimía fácilmente por mis defectos y era demasiado
trasparente en cuanto a lo que me sucedía.
Muchas
chicas me decían que me rindiera, pero no podía, por más que intentaba
olvidarle, no lo lograba, aun considerando que no éramos nada más que simple
compañeros, me resultaba imposible.
Intentaba
estar un día completo sin mirarlo, ignorando completamente sus miradas, pero
tarde o temprano me encontraba con sus ojos de nuevo, siendo sometida a sentir lo mismo otra vez. Era como si a través de dichas miradas habláramos por un momento, en
un idioma desconocido que nadie podía entender. Jamás pude comprenderlo, la
forma en cómo nos mirábamos me confundía totalmente, parecía querer decir algo
más, pero al mismo demostraba todo lo contrario. Por lo mismo, siempre que lo
veía sentía cierta curiosidad ante lo que pensaba de mí, tenía tantos deseos de
aprender a leer las mentes y entonces comprender que era lo que sentía en
verdad, pero no podía. A diferencia de mi, él era un libro cerrado o a veces un
libro muy difícil de interpretar.
Como
era nuestro último año de Enseñanza Básica y muchos se cambiarían de colegio,
comenzamos a juntar dinero para nuestra gala. Realizamos diversas completadas,
para poder garantizarnos que tendríamos una buena despedida de todas. Algunos
apoderados ofrecían sus hogares para hacerlo, entre ellos mi madre, quien sin
mi consentimiento ofreció la casa para hacer una de las tantas reuniones. Por
ello, tuve que acostumbrarme a la idea de que todos mis compañeros iban a
asistir, claro todos, menos él por supuesto, dado que nunca participaba en esas
cosas, por más extraño que pareciera.
La
tarde avanzó fugazmente, haciendo que el manto de oscuridad se extendiera sobre
el cielo, anunciando que llegaba la noche. Hacía frío, pero como estaba tan
acalorada y cansada por hacer tantas cosas, necesitaba tomar aire fresco. Por
lo mismo, salí con mis amigas hacía el exterior. Nos pusimos a charlar sobre el
buen ambiente que había, cuando de repente me dijeron que mirara atrás, al
hacerlo mi corazón comenzó a latir desesperadamente, era él...se estaba
acercando en medio de la oscuridad y sonreí inconscientemente. Nos miramos y
fue suficiente para mí, aún si el silencio seguía siendo el mismo de siempre,
me sentía realmente feliz.
Finalmente
llegó el día tan esperado...nuestra gala. Aquella noche fue inolvidable para
muchos, no sólo por los trajes hermosos que usábamos, sino porque todo fue tan
perfecto que sentí un gran vacío cuando todo terminó. Como nunca en muchos
años, me atreví a bailar, dejando el miedo al ridículo de lado. Baile con mis
amigas en un círculo, música que jamás pensé que bailaría, porque no era de mi
gusto, hasta ahora la detesto, pero en un momento así dejé de lado todo y me
atreví a hacerlo. Lo vi a lo lejos haciendo lo mismo que yo, pero con otras
personas, era tan bueno, incluso en eso lo era. Por un momento sentí tristeza,
porque ni siquiera en un momento como ese, en nuestro último año de básica
podía tenerlo cerca como los demás, ni siquiera hablarle, sólo podía mirarlo en
silencio como siempre lo hacía. Lo vi riendo con alguno de sus amigos y sonreí,
envidiando a cada uno de ellos por poder hacer lo que yo no podía, pero más que
envidia por ellos, me sentía feliz porque él lo estaba.
Intenté
desviar mi mirada de aquella escena, para concentrarme en mis amigos que
sonreían, muy pronto nos separaríamos, cada uno se marcharía a su destino y
quizás perderíamos el contacto. Por ello, no tenía tiempo para preocuparme por
mis frustraciones de no poder hablarle, debía aprovechar ese momento más que
nunca, junto a ellos.
Tras haber presenciado aquella escena, inesperadamente alguien
lo llamó para que bailara conmigo, estaba tan nerviosa, mi corazón latía a mil
por hora, no por el hecho de que lo hubieran llamado, sino porque les había
accedido a hacerlo. No sabía que hacer, temía hacer el ridículo y arruinarlo
todo. Él era tan bueno en ese tipo de cosas, en cambio yo, recién estaba
aprendiendo y no lo hacía nada bien. Nos pusimos frente a frente, no era capaz de
mirarlo a los ojos, estaba realmente nerviosa, tanto que no podía disimularlo.
Tomé aire e intente hablarle, pero debido a que algunos compañeros nos
empujaron, terminó marchándose de dicho lugar. Pero no me dolió que lo hiciera,
más bien se lo agradecí en silencio, porque sentía que me iba a desmayar.
Quince
minutos después, todo estaba más tranquilo, apareció nuevamente frente a mí.
Suspiré, esta vez no huiría, no otra vez, si él estaba haciendo su mayor
esfuerzo por volver, aun después de lo que había sucedido, no debía hacer las
cosas más difíciles para ambos. Miré a mis amigas y me dieron su apoyo a la
distancia, no podía fallarles. Lo miré e intenté hacer lo que me habían
enseñado, pero había tanto silencio en aquel momento, que me sentí incomoda,
completamente insegura de si lo estaba haciendo bien. Tomé aire y lo miré, no
quería obligarlo a hacer algo que no quería. Inesperadamente le hablé, sin
saber cómo, logré preguntarle aquello que me inquietaba.
-Y-Yo
no sé bailar muy bien, más bien acabo de aprender a hacerlo...-Susurré,
aferrando mis manos a mi vestido para que no se percatara de que estaba
temblando-Por lo mismo, quiero saber si ¿Te estorbo?-
-Tú
no me estorbas-
Al
decir dichas palabras, incrédula pensé que me estaba mintiendo, pero después me
di cuenta que hablaba en serio. Bailamos alrededor de diez temas, lo cual me
sorprendió, porque pensé que sólo sería uno y se marcharía, más considerando
que bailábamos como si hubiera sido un tema lento a diferencia de lo que era
realmente. Fue la media hora más feliz de mi vida y a la vez, la más corta, por
mucho que desee que el tiempo se detuviera en esos minutos, no pude hacer nada.
Sólo logré hacer desaparecer a las personas como siempre, y olvide donde nos
encontrábamos. Llegué a creer incluso que me encontraba en otros de mis sueños
y temía despertar.
Al
separamos, me quede conversando con un profesor acerca de la fiesta, él me
hablaba de diversas cosas que le habían llamado la atención, pero aun si lo
estaba escuchando, otra parte de mi seguía en la luna, repitiendo una y otra
vez la escena que había vivido hace apenas unos segundos. Iba a volver con mis
amigas, cuando de repente, sentí que alguien me observaba, al mirar hacia atrás
lo vi y sólo me atreví a sostener su mirada por unos minutos. Dicho acto
inquietó aun más mi corazón.
No
recuerdo que horas eran exactamente cuando todo acabó, pero recuerdo que no
quería marcharme. Me despedí de todos, incluso de él, era la primera vez que lo
hacía y me sentía extraña. Aquella noche, me dormí de inmediato como nunca y
soñé con todo que había ocurrido.
La
graduación fue emotiva, pero no hubieron llantos ni lamentos, solo sonrisas.
Recuerdo perfectamente cuando nos reunimos por última vez todos en una sala de
niños. Más que tristeza, sentía nostalgia al recordar como había sucedido todo.
Aquel curso que en un momento había sido como cualquier otro, en un momento
cambió totalmente para mí y se volvió en el mejor que había tenido en mi vida.
Al
final del día, me despedí de todos y me marché, para celebrar con mi familia.
Entonces me enteré por alguien que él no se marcharía, estaríamos en el mismo
colegio una vez más y eso me hacía muy feliz.
Al
año siguiente, entré a primer año de enseñanza media. Recuerdo que el primer
día estaba nerviosa, no por el mismo motivo que antes, sino porque temía que
mis amigos no siguieran allí y me hubieran mentido. Me detuve frente a la
puerta del establecimiento y comencé a buscarlos en medio de la multitud, no
tenía deseos de entrar sola, ni mucho menos en un primer día de Enseñanza
media. Por lo mismo, seguí buscando con la mirada, viendo si al menos
encontraba a alguien conocido entre toda esa masa de gente para poder entrar,
pero entonces, sin saber cómo, vi esa persona…sentí que nuevamente el mundo
estorbaba y el tiempo se detenía.
Sin
embargo, dicho momento duró sólo unos mili segundos porque él avanzó con unos
compañeros y logré percibir a mis amigos acercándose.
Aquel
año, sentí como si todos mis avances de años anteriores se habían vuelto
insignificantes, como si nunca hubiera sucedido nada relevante entre nosotros
como haber bailado juntos o haberme atrevido a hablarle un poco más. Era como
si nuevamente me encontraba en el punto de partida y debía volver a aceptar que
no éramos más que simples compañeros de curso…cuando me miraba, sentía que por
lo menos no se había perdido eso, nuestras miradas seguían allí aun, por lo
menos algo tan mísero como eso me hacía sentir que por lo menos existía y no
era una completa extraña.
Como
había hecho una promesa años anteriores de que algún día me atrevería a decirle
todo lo que sentía realmente, sabiendo que lo sabía de otros, debía hacerlo.
Por ello, un día me decidí a hacerlo, pero como no tenía el valor de hacerlo
sola, mis amigos como siempre intentaron ayudarme y todo se hizo demasiado
difícil para mí. Recuerdo que incluso él me animaba a hacerlo, no el hecho de
que le dijera que lo amara, sino que le dijera lo que le tenía que decir. Pero
mi corazón latía tan desesperadamente que me sentía incapaz de hacerlo, por más
que respiraba profundo e intentaba controlarme, no podía. Entonces pensé en
todos, no podía defraudarlos después de que me habían ayudado tanto, además
debía cumplir mi promesa, aun si aquello era más complejo que lo vivido en la
gala, debía hacerlo. Lo miré un momento e intenté pronunciar aquello que siempre
había deseado decir, pero era inútil, me sentía como si me encontrara frente a
una interrogación, mi cuerpo temblaba y las palabras no salían. “T-Tú….”Intenté
decir, pero parecía que tartamudeaba, “Me gustas…” susurré, mientras desviaba
su mirada, “mucho” Agregué. Quería decirle que lo amaba, porque en ese entonces
ya no sentía que era una mísera atracción, pero pensaba que si lo hacía sería
demasiado para que lo entendiera.
No
me rechazó, sólo me dijo que ya estaba enterado de eso. Después de ese día, todos
lo que no sabían acerca de lo que sentía, se enteraron por habernos visto y los
rumores fueron creciendo. Hubo un momento que hasta los profesores hablaban
conmigo para preguntarme si era cierto u otros más bien lo afirmaban, estaba
demasiado avergonzada.
Como
quería una respuesta, pero él me había dejado igual de confusa que antes, dado
que el año iba a terminar, decidí escribirle una carta, porque quizás a través
de dicho medio podría expresarle todo aquello que callaba y por una vez podría
ser yo misma. Si lo escribía a mano, temía que no comprendiera mi letra, por
ello decidí hacerlo a computadora. Me senté frente a la pantalla nerviosa, mi
corazón palpitaba y sentía extraños dolores de estomago, respiré profundo y me
preparé. Al principio no era capaz de escribir ni una línea bien, porque lo
borraba instantáneamente debido a mi inseguridad, pero después de una larga
tarde de cuestionamientos logré terminarla. Una amiga la entrego por mí al día
siguiente, ya que yo era incapaz de hacerlo.
En
Segundo año de Enseñanza Media, las cosas seguían del mismo modo, sólo que
ahora parecía burlarse de lo que sentía y muchos se aprovechaban de eso,
haciendo apuestas o pidiéndole a él que me fuera a pedir cosas, porque me ponía
tan nerviosa que no podía decirle que no. Pero como seguía con cierta
confusión, decidí preguntarle personalmente al respecto.
En aquel momento, en
ese corto lapsus que hablamos, sentí como si hubiéramos dejado de ser nada y
por primera vez hablábamos como amigos. Me dijo todo lo que había sentido al
leerla, como si por un momento entendiera todo lo que le transmitía, pero por
más que hablaba al respecto, parecía que no quería decir la verdad. Por eso
tuve que preguntarle sin rodeos “Entonces no es correspondido ¿Verdad?” susurré
nerviosa, y él me miraba, siendo incapaz de formular lo que pensaba, parecía
que no quería decirlo, suspiré, sabía la respuesta, pero quería oírlo de él y
así cerrar el capítulo de una vez por todas. Entonces finalmente lo hizo
diciendo “No eres mi tipo”, fue cuando sin pensarlo pronuncié las mismas
palabras que él había mencionado al declararme “Ya lo sabía”. Al igual como una
película de drama, el viento jugó con mi cabello y sentí como mi corazón se
estremecía poco a poco frente a él. Lo sabía hace tiempo, pero no podía fingir
sorpresa en aquellos momentos. Justo en ese instante, alguien nos interrumpió y
me sentí aliviada, era la oportunidad perfecta para salir de allí, “Eso era
todo lo que debía decir, me voy” y salí de dicho lugar con una compañera sin
ser capaz de mirarlo.
Todo el camino fingí que las cosas estaban bien, que no
me sentía dañada, al contrario decía que me sentía aliviada, pero en el fondo
no era así, sentía claramente como mis labios temblaban y mis ojos también lo
hacían, intentando controlar aquello que quería salir . Apenas nos separamos,
sentí que ya no podía más, quería llorar...Intenté controlarme, pero entonces
como si estuviera lloviendo sentí que algo resbalaba por mis mejillas
raudamente, cuando lo sentí en mis labios, sabía a salado, entonces supe de inmediato
que no era lluvia, estaba llorando. Me sentía una tonta, era obvio que algo así
pasaría, si quería una respuesta y estaba consiente que todo eso ocurría, no
debía sentirme así. Al llegar a mi hogar, las horas se hicieron eternas, toda
mi familia intentaba subirme el ánimo, pero no podían, por más que quisieran
lograrlo, no podían hacer nada realmente. Aquella noche no pude dormir bien,
sentía que me dolía de verdad el corazón, como si dichas palabras hubieran
logrado romperlo en mil pedazos. Tenía tanto insomnio que me dormí cerca de la
1:00 AM (Lo cuál era tarde para mí en ese tiempo).
Tenía
dos opciones, amarlo en secreto como siempre solía hacerlo o rendirme de una
vez por todas. Pero fue inútil decidir por alguna de esas opciones, porque ese
sentimiento se fue fortaleciendo tanto cada año que fue siendo imposible que se
extinguiera, aun si no nos viéramos tan seguido.
En
nuestro último año de Enseñanza media, dejé de preocuparme por lo que sentía y
abrí mi corazón hacía otra persona que sentía que si me quería como yo lo
hacía. Entonces pensé olvidarme de él de una vez por todas, creyendo que de esa
forma podría ser feliz con alguien que si me correspondiera. Y lo intenté, fui
feliz, no voy a negarlo jamás. Pero a pesar de todo, esa persona seguía en mis pensamientos,
incluso en mis sueños, cada noche me atormentaba.
Inesperadamente
un día comenzó a saludarme, estaba tan acostumbrada a que me ignorara que me
sorprendió demasiado, atiné a hacer lo mismo, sin comprender nada. Con el paso
de los días se fue haciendo rutina por parte de ambos.
Por
cosas del destino, nos tocó graduarnos el mismo día, aun considerando que
nuestros cursos no estaban relacionados.
Nos
encontramos en la entrada del auditorio, nos abrazamos por un leve minuto para
decirnos “Felicidades”, fue corto y no fui capaz de decirle mucho “Que te vaya
bien en todo” Alcancé a decir y me deseo lo mismo. Al sentir que todos nos
invadían, lo miré por última vez como sonreía a la distancia y entonces todos
los recuerdos volvieron a mí. No me arrepentía de nada, pero si tenía que
hacerlo por algo, era no haberle hablado en un principio.
Aún
cuando lo veo, sigue teniendo el mismo don que tenía en ese entonces, de hacer desaparecer
todo a mí alrededor, logrando conseguir que mi corazón se inquiete una vez más y salte frenéticamente en mi pecho, como si anhelara huir sin mí. Pareciera que al mirarnos, viajáramos en el tiempo y volviéramos a encontrarnos en el colegio.
...........................................................................
Escribí esta historia hace un tiempo, espero que sea de su agrado. Es la primera vez que creo un blog, ya que sólo me dedico a escribir en fanfiction (.net). Pero he leído en algunas páginas que para poder hacerse conocer como escritora, hay que crear instancias como estas.
Saludos!